PSICOLOGO CUERNAVACA-PSICOTERAPIA

LA VEJEZ: (socialmente malvista,  individualmente negada).

Psicoterapeuta José Saúl Behar

 

“Para la sociedad, la vejez es un secreto vergonzoso del cual es indecente hablar”
 Simone de Beauvoir.

 

En la sociedad y época en que vivimos, la fascinación por la juventud,  el énfasis en la productividad de índole económico y el empleo; la prevalencia por lo material, el desdén por lo emocional y lo espiritual, son entre otros,  factores que estructuran una visión de vida dentro de cuyos proyectos el anciano viene a constituir un estorbo y hacen  que, mucho antes de que aparezca, la primera cana o la primera arruga, el miedo a envejecer nuble el placer de vivir en  muchas personas.

 

Ciertamente en alguno sectores de nuestra sociedad, especialmente en zonas rurales "el  viejo" o "la vieja" son considerados como  miembros con plenos derechos y conservan algo del respeto y aprecio que en épocas pasadas los convertían en miembros distinguidos de su comunidad, a quienes se recurría en busca de consejo y experiencia.

 

Sin embargo en las zonas urbanas, el tamaño de las grandes ciudades, las distancias a recorrer, las modernas tecnologías y la prisa,  dejan desprotegida a una de las  capas población más vulnerables, en este caso  "los viejos".

 

Es en este contexto que considero importante reflexionar de una manera creativa tanto social como individualmente para afrontar la etapa de la madurez plena o el hecho que puede  significar convertirse en "viejo" o "vieja" .

 

Vejez no es sinónimo de inactividad y marginación. En la medida que podamos recuperar la noción de que en la vejez la mente y la personalidad del individuo continuan floreciendo, habremos dado un paso enorme para la aceptación de esta etapa de la vida humana y la reinserción social de gente que en virtud del paso del tiempo ha ido acumulando historia y experiencia y que hoy en día se encuentran marginados.

 

Eugenia es una mujer de 86 años, acudió a terapia en virtud presentar síntomas de depresión tales como falta de motivación, ansiedad, falta de apetito y cansancio crónico. Enviudó hace veinte años y decidió vivir sola a partir de ese momento, sin establecer una nueva relación de pareja.

 

Madre de seis hijos producto de una época en donde las familias grandes eran asunto común, dedicó su vida a los hijos y el marido. Cuando estos crecieron, formaron sus propias familias y se alejaron. Al enviudar, Eugenia se acerco a un grupo de apoyo con el cual inició actividades ocupacionales de la más variada índole, que al parecer llenaban su vida. En los útimos dos años sus capacidades físicas han menguado, produciendo en Eugenia  sensaciones de impotencia, frustración y enojo que se han ido convirtiendo en depresión al no ser reconocidas y expresadas. 

 

Con el proceso terapéutico pretendemos que Eugenia vaya descubriendo que los momentos  que esta viviendo se han visto matizados por la soledad, y su incapacidad para reconocer sus limitaciones físicas y posibilidades reales de acción, una vez restablecida una visión más acorde a su edad, podrá empezar a disfrutar del merecido descanso, y de las actividades que pueda llevar a cabo en sus actuales condiciones.  

 

La historia nos muestra que a lo largo de las diferentes épocas y lugares han existido ancianos y ancianas que siguen haciendo aportes significativos a sus grupos sociales y familiares y que lejos de vivir la vejez como una etapa triste y dolorosa de degradación y soledad obligada, han sido capaces de enfrentarla con gozo como un momento de descanso y reflexión.

 

En la psicoterapia humanista creemos que se puede construir una nueva visión que permita al individuo convertirse en una persona preparada, para afrontar cada momento de esta aventura llamada vida. El trabajo deberá enfrentarse individual y socialmente.