Etapas de la vida

El crecimiento es un impulso interno propio de los seres vivos que abarca todas las etapas de su desarrollo y el cual existe mientras haya vida.

Cuando este impulso interno se llega a satisfacer de una manera natural y constante, se convierte en motor para enfrentar los retos que la vida presenta en los diferentes momentos y contextos.

En el caso humano se puede decir que este desarrollo va de la cuna a la tumba. Con el crecimiento el individuo adquiere madurez en todos los ámbitos en los que se desenvuelve desde la madurez física, hasta la madurez sicológica, desde la madurez emocional hasta la espiritual logrando de esta manera un crecimiento equilibrado y un desarrollo pleno de todas sus potencialidades.

El modelo de aproximación al conocimiento del hombre y sus manifestaciones conductuales propio de esta época, está signado por una versión mecanicista que concibe al ser humano como producto de “etapas” que se viven en momentos particulares de la existencia, las cuales hay que atender de manera especial, indistintamente de los estadios anteriores o de los procesos por vivir.

No es la intención de estos artículos reproducir esta visión, sin embargo como método explicativo nos brinda un primer acercamiento y facilita conocer el fenómeno del desarrollo de la persona.

La adolescencia, es un periodo de transición; marca el final de la niñez y de alguna manera inicia la adultez. En las culturas primitivas se pasaba de la infancia a la adultez y este paso se signaba con ceremonias iniciáticas y los jóvenes adultos (hoy adolescentes) adquirían pleno derecho y obligaciones en su grupo.
Comienza aproximadamente a los 13 años y culmina alrededor de los 20 años; aunque en la actualidad se ha observado una prolongación que a veces llega más allá de los 25 años.
Sin embargo al igual que sucede con todas las etapas del desarrollo, estos puntos extremos no están muy bien definidos.
En los tiempos que corren, la adolescencia representa para muchos y muchas jóvenes la oportunidad de construir sueños acerca del futuro y momentos de crísis y gran incertidumbre por los muchos cambios que se dan en todos los ámbitos; por ejemplo se experimentan cambios en lo social, cambios físicos y psicológicos.
Es una etapa de ampliación del círculo social, de cuestionamiento de la cultura en donde se han desarrollado, y de alguna manera alejamiento de los valores familiares y de los propios padres.
Es una etapa de individuación y búsqueda de identidad y sentido de vida. (¿quién soy?….¿adonde voy?)
La formación de identidad se inicia con la influencia por parte de otras personas, principalmente las figuras de primer contacto como padres, hermanos y familia en general; también los maestros y el grupo de pares tienen un papel preponderante en la formación de actitudes y comportamientos.
La búsqueda de identidad es un proceso que dura toda la vida, pero que se acelera durante la adolescencia.
Carlos es un adolescente de 17 años, fue traído por su madre, ante su propia incapacidad para ayudarlo a salir de los problemas en lo sque se ha ido metiendo. Problemas en la escuela, uso de drogas y alcohol en forma indiscriminada, relaciones complicadas con mujeres mayores que él, etc. Su padre ausente por divorcio, ha formado otra familia y vive totalmente alejado.
Atenido a estas consideraciones, durante el proceso que hemos ido elaborando Carlos y yo he procurado ayudarlo a conocerse y construir una identidad propia.
El proceso terapéutico en la adolescencia pasa por la ruta de la diferenciación y la adquisición de valores e identidad propia.

“Para la sociedad, la vejez es un secreto vergonzoso del cual es indecente hablar”
Simone de Beauvoir.

En la sociedad y época en que vivimos, la fascinación por la juventud, el énfasis en la productividad de índole económico y el empleo; la prevalencia por lo material, el desdén por lo emocional y lo espiritual, son entre otros, factores que estructuran una visión de vida dentro de cuyos proyectos el anciano viene a constituir un estorbo y hacen que, mucho antes de que aparezca, la primera cana o la primera arruga, el miedo a envejecer nuble el placer de vivir en muchas personas.

Ciertamente en alguno sectores de nuestra sociedad, especialmente en zonas rurales «el viejo» o «la vieja» son considerados como miembros con plenos derechos y conservan algo del respeto y aprecio que en épocas pasadas los convertían en miembros distinguidos de su comunidad, a quienes se recurría en busca de consejo y experiencia.

Sin embargo en las zonas urbanas, el tamaño de las grandes ciudades, las distancias a recorrer, las modernas tecnologías y la prisa, dejan desprotegida a una de las capas población más vulnerables, en este caso «los viejos».

Es en este contexto que considero importante reflexionar de una manera creativa tanto social como individualmente para afrontar la etapa de la madurez plena o el hecho que puede significar convertirse en «viejo» o «vieja» .

Vejez no es sinónimo de inactividad y marginación. En la medida que podamos recuperar la noción de que en la vejez la mente y la personalidad del individuo continuan floreciendo, habremos dado un paso enorme para la aceptación de esta etapa de la vida humana y la reinserción social de gente que en virtud del paso del tiempo ha ido acumulando historia y experiencia y que hoy en día se encuentran marginados.

Eugenia es una mujer de 86 años, acudió a terapia en virtud presentar síntomas de depresión tales como falta de motivación, ansiedad, falta de apetito y cansancio crónico. Enviudó hace veinte años y decidió vivir sola a partir de ese momento, sin establecer una nueva relación de pareja.

Madre de seis hijos producto de una época en donde las familias grandes eran asunto común, dedicó su vida a los hijos y el marido. Cuando estos crecieron, formaron sus propias familias y se alejaron. Al enviudar, Eugenia se acerco a un grupo de apoyo con el cual inició actividades ocupacionales de la más variada índole, que al parecer llenaban su vida. En los útimos dos años sus capacidades físicas han menguado, produciendo en Eugenia sensaciones de impotencia, frustración y enojo que se han ido convirtiendo en depresión al no ser reconocidas y expresadas.

Con el proceso terapéutico pretendemos que Eugenia vaya descubriendo que los momentos que esta viviendo se han visto matizados por la soledad, y su incapacidad para reconocer sus limitaciones físicas y posibilidades reales de acción, una vez restablecida una visión más acorde a su edad, podrá empezar a disfrutar del merecido descanso, y de las actividades que pueda llevar a cabo en sus actuales condiciones.

La historia nos muestra que a lo largo de las diferentes épocas y lugares han existido ancianos y ancianas que siguen haciendo aportes significativos a sus grupos sociales y familiares y que lejos de vivir la vejez como una etapa triste y dolorosa de degradación y soledad obligada, han sido capaces de enfrentarla con gozo como un momento de descanso y reflexión.

En la psicoterapia humanista creemos que se puede construir una nueva visión que permita al individuo convertirse en una persona preparada, para afrontar cada momento de esta aventura llamada vida. El trabajo deberá enfrentarse individual y socialmente.

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